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#REFLEXIÓN – 9 de Julio de 1816.

Hoy se cumplen 204 años de haber sentenciado el deseo indeclinable del pueblo americano a ser libre de toda dominación extranjera. El 9 de Julio, más que la declaración de la independencia representa la reafirmación de nuestra conciencia colectiva como nación. Esa misma que por 1810 enfrentó sus miedos y se animó a emprender una larga guerra de independencia que vería sus momentos finales en 1822 durante aquel misterioso encuentro entre Simón Bolívar y José de San Martin. 204 años cumplimos formalmente como nación Sud Americana. 204 años en busca de nuestra propia identidad… ¿Americanos? ¿Indígenas? ¿Mulatos? ¿Españoles? ¿Criollos? ¿Italianos?
¿Qué somos? ¿Quiénes somos los argentinos? Creo que más que recordar, esta fecha debe servirnos para reflexionar sobre estas cuestiones. Para responderlas, es necesario indagar en el recorrido que el día de hoy nos convoca.
Nuestra historia comienza con la herencia de una tierra conquistada, saqueada y manipulada por los grandes imperios europeos, prosigue con una guerra libertaria y sus próceres de carne y hueso, la traición y el renunciamiento de los hombres de negocios a ser parte de un proyecto nacional americano. También tuvimos nuestros propios conflictos, como las guerras desatadas entre Buenos Aires y el resto de nuestras provincias, la negación sistemática de la identidad y los derechos de los pueblos que originalmente habitaban estas tierras, las guerras con nuestros propios vecinos, la inmigración masiva para suplantar al indio vago, la concentración del suelo y de las riquezas en manos de 20 familias nucleadas en la Sociedad Rural Argentina, Sarmiento, la educación pública laica y gratuita y sus textos racistas propios de otro incivilizado, Roca, la integración de nuestro país como primer agroexportador mundial y la masacre de un Desierto en el que se oían voces quechuas, aymaras y mapuches. De esta manera, llegamos hasta nuestro Centenario, plagado de celebraciones, la Argentina celebraba su proyección internacional que la ubicaba entre las 10 economíasmás fuertes del mundo, con una población que proveníade al menos de 4 nacionalidades distintas, una elite agroexportadora que controlaba los resortes del poder político y la contradicción de un pueblo estafado, cansado, pobre, oprimido, sin derechos y sin representación política.
El Siglo XX ya es el tiempo de la modernidad política, representación, democracia y voto universal a través de lo que se conoce como Ley Saenz Peña. Sin embargo, el espectro democrático de nuestra nación estaría cargado de violentas y sucesivas interrupciones. Irigoyen fue el primero de nuestros presidentes elegido por un sistema democrático, y fue al primero que le hicimos un golpe de Estado. Después vino Perón, período donde la democracia reconoció que las mujeres no solo podían sino que debían elegir su libertad. Pero también, como a Irigoyen… lo destituimos. Lo mismo pasó con Illia y más tarde con el terror, la proscripción y el exilio que tantos ciudadanos debieron soportar. Dentro de este proceso de inestabilidad política, todos tienen de común denominador el apoyo de gran parte de la sociedad, una grieta disconforme, cansada de tener que compartir sus recursos, esos mismos que alguna vez le saco con trompetas y fusiles a esos vagos que habitaban estas desiertas tierras.
Entonces ¿Qué somos los argentinos? ¿Sus elites o sus trabajadores? ¿Civilizados o barbaros? ¿Blancos, negros, mestizos o mulatos? ¿Solidarios o individualistas? ¿Ricos o pobres? ¿Libres o dominados? ¿bolivianos o españoles? ¿Americanos o europeos? ¿Demócratas o meritócratas?
Puede que no haya una respuesta única… Seguramente en estos 204 años hayamos pasado por todo eso y seamos el gris de todo lo bueno y de todo lo malo; quizá por eso nunca estamos conformes y criticamos por deporte; seguramente en nuestra conciencia seamos buenas personas, pero con nuestros actos a veces demostramos lo contrario. Las naciones no están destinadas a ser grandes, sino más bien a existir por sobre las personas como aquello que nos quiere enseñar, las naciones están destinadas a mostrarnos nuestra conciencia colectiva, aquello que somos más allá de nuestras narices, con lo bueno y con lo malo.
Esta nación, tan diversa como la geografía del territorio que nos alberga, fue iniciada antes de que estas tierras fueran conquistadas, fue revalorizada por aquellos que conscientes de la soberanía de nuestros pueblos levantaron las banderas de la libertad para librarnos de toda dominación extranjera, fue reinterpretada por aquellos que llegando un poco más tarde se fusionaron con parte de nuestra vieja esencia, y es construida desde esa grieta, por todos y cada uno de nosotros hasta el día de hoy. Si de algo debe servir este día es para recordarnos que la historia mantiene viva nuestra conciencia colectiva, pero que lamentablemente los pueblos no aprenden de ella sino de sus propias experiencias.

Desde esa verdad, ineludible, debemos tener presente hora tras hora, que las naciones no existen para ser grandes, sino para ser libres, justas y soberanas.
Este 9 de Julio reivindiquemos la libertad, aceptando que nuestra identidad argentina es parte de una conciencia colectiva mayor, americana y europea, individualista y solidaria, demócrata y meritócrata. En este Bicentenario, asimilemos de una vez nuestra heterogeneidad cultural y animemos a que las nuevas generaciones construyan una patria que entienda que nuestra verdadera libertad se encuentra en la aceptación de nuestras diferencias.

SEAMOS LIBRES! QUE LO DEMAS NO IMPORTA NADA!

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